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domingo, 30 de mayo de 2010

Amor de madre

De niños creemos que mama todo lo puede, que no siente cansancio, que no sufre. Esa imagen que guardamos de ella, con el tiempo no coincide con la que vemos cuando pasan los años. Entonces descubrimos que mama también sufre, se cansa, está triste, no tiene fuerza, calla ocultando el dolor.
De niños no entendemos sus lágrimas, de adultos nos preocupan o no las comprendemos.
Asi como nosotros, necesitamos tantas veces de la protección de esos brazos fuertes, de la compresión de nuestros gestos o de nuestros silencios, de nuestro dolor. Ella también nos necesita.
Por eso debemos detenernos y observarla, abrazarla y hacer que sintamos que estamos allí, que nos importa, que es valiosa, y de esta forma regresaremos a ella el más hermoso sentimiento que nos enseñó, el sentimiento que lleva paz y tranquilidad en los momentos difíciles de la vida, el que nos contine, el que minimiza el dolor, el que nos hace luchar por nuestros sueños e ideales, pero sobre todo nos da sin pedir nada a cambio: El Amor.
Graciela Heger